Según contaría Jorge Álvarez, “un día Ricardo Soulé me dice que quiere ponerle música a La Biblia, y le dije que lo hiciera. Pero como precisaba dinero, se recurrió al director del sello Disk Jockey, Rodríguez Luque. Como al final, nos peleamos con el grupo, al final el disco terminó saliendo por ese sello”.
Tras un trabajo de composición, ensayos y grabación que llevó buena parte de 1970, “La Biblia” se editó el 3 de enero de 1971, y fue presentado dos meses -y lagunos días después- en un recital en el teatro Presidente Alvear, en plena calle Corrientes, al que concurrieron no solo jóvenes atraídos por la propuesta sino gente de la Iglesia, como monseñor Gracelli, secretario del cardenal Caggiano.
El álbum fue sin dudas una bisagra en la historia del rock local, no solo porque se trataba de un disco doble y conceptual, sino porque abría un camino hacia un público diferente, relacionado con sectores jóvenes religiosos, al punto que algunos de sus temas luego fueron adoptados como habituales en las misas de la Juventud que solían hacerse por aquellos años, que cambiaban los ceremoniosos acordes del órgano por canciones frescas cantadas con acompañamiento de guitarras.
Hacia 1968, mientras Los Gatos, Almendra y Manal se convertían en la punta de lanza del desarrollo del rock en castellano, en distintos barrios del Gran Buenos Aires surgían bandas que, con diferentes propuestas, intentaban sumarse a un movimiento musical que tenía mucho por decir.
A fines de 1967, en la ciudad de Quilmes, en el sur del Conurbano, un cuarteto llamado Mach 4 recorría locales, salas y pequeños teatros de su zona haciendo sus propios temas, pero cantados en inglés, como todavía solía ocurrir en ese tiempo.
Muy formales, usaban trajes negros, corbata, camisas de cuello duro y botitas a lo “beatle”. En un recital, un músico que los había ido a ver los felicitó por el sonido, aunque les aconsejó que trataran de cantar sus cosas en su propio idioma. Esto unido a que poco después quedaron deslumbrados por el trío Manal les hizo ver que se podía hacer buen rock en castellano.
Allí se produjo el gran cambio. Que se completó cuando uno de ellos vio en un libro la frase “Vox populi vox Dei” (La vos del pueblo, voz de Dios) y para escapar de los típicos nombres en inglés, adoptaron las dos últimas palabras, además en latín, y así nació Vox Dei (La voz de Dios) sin pensar, claro, que su obra cumbre tendría que ver con lo religioso.
Así, Ricardo Soulé (primera guitarra, voz, violín, armónica), Guillermo Willy Quiroga (bajo y voz), Juan Carlos “Yodi” Godoy (segunda guitarra y voz) y Rubén Basoalto (batería) iniciaron un nuevo camino con su repertorio a cuestas.
Tras el debut en Buenos Aires, en el otoño de 1969, en el Teatro Payró, teloneando nada menos que a Manal y Almendra, los descubrió el editor Jorge Álvarez, creador de la grabadora independiente Mandioca, donde solo habían grabado Manal, Miguel Abuelo y Cristina Plate, y de inmediato las propuso editar un simple.
Los temas elegidos fueron “Azúcar amarga” y “Quiero ser” y Soulé señalaba al respecto que “tuvimos la suerte de entrar en una grabadora que era libre, en cuanto a las presiones, no nos pusieron trabas y nos dejaban hacer lo que nos gustaba”.
Poco después, Vox Dei editaba su segundo simple con los temas “Presente” y “Dr. Jekill”, y lejos estaban de saber que una de esas canciones (que no reflejaba el estilo más pesado que luego cultivaron) se convertiría en un clásico de la música popular.
Con el objetivo puesto en la necesidad de foguearse y estar cerca de ese público que iba creciendo de a poco a través de los recitales, la banda editaba en septiembre de 1970 su primer álbum: “Caliente”, que resultó sin dudas una sorpresa, por la potencia que tenían sus temas, lo que los convirtió en una banda relevante en la escena local.
Mientras Ricardo deslumbraba como guitarrista pero también como cantante, con una voz cruda pero que también podía ser cálida, Quiroga resultaba el contrapunto ideal, con su canto grave y casi cavernoso, y su machacante bajo.
La batería contundente de Basoalto y los aportes rítmicos y vocales de Godoy confluían en un resultado muy compacto. De esa placa sobresalen temas como “Cuero”, “Reflejos”, y “Compulsión” en el terreno del estilo más enérgico y pesado, pero también había lugar para “Presente”, con una especial armonía de voces en una canción acústica que envolvía una letra existencial, y la lírica y hermosa “Canción para una mujer (que no está)”.
Mientras, también existía un rock clásico casi rutero, armónica incluida, como “Total qué” (“Sigue siempre adelante sin mirar atrás / total que te importa un escollo más”) o “No es por falta de suerte”, donde la rítmica juega mucho con elementos latinos y souleros.
Con el prestigio que les dio ese disco fundamental, Vox Dei logró acceder a una actuación consagratoria en un festival en el Luna Park, y luego, en noviembre de 1970, en la 2ª edición del BARock. Pero había una idea que venía flotando en la mente de los músicos sobre una obra conceptual, y se embarcaron en un proyecto muy ambicioso, e inédito en la corta historia del rock local: contar su interpretación de La Biblia a través de un disco. O en este caso, dos.
En 1974 los músicos más importantes del rock argentino se unieron para grabar una versión sinfónica de La Biblia, a partir de una idea del productor Jorge Álvarez, que fue organizada por él junto a Billy Bond, e incluyó al Ensamble Musical de Buenos Aires, una orquesta de más de 60 músicos, con la dirección musical de Pedro Calderón y los arreglos de Gustavo Beytelman.
Esta fue una verdadera megaproducción, con 400 horas de grabación, y varios meses de trabajo. Entre los músicos participantes estuvieron Alejandro Medina, Billy Bond, Carlos Cutaia, David Lebon, Charly García, Claudio Gabis, Oscar Moro y Kubero Díaz.
También participaron Carlos Goler, Fernando Bergé, Claudio Martínez, Osvaldo Favrot (del grupo Espíritu) Gustavo Kein, Jorge Pinchevsky, Juan Rodríguez, Miguel Cantilo, Nito Mestre, Poli Martínez, Raúl Porchetto y Rinaldo Rafnelli.
Extrañamente, los miembros de Vox Dei no formaron parte del proyecto, y nunca quedó claro si porque no los invitaron o porque no les interesó.
El disco, editado por Sony, se lanzó en junio de 1974, y tal fue la expectativa que generó que agotó la tirada de 12 mil ejemplares, y fue presentado en vivo en doble función en el Gran Rex.
Si bien Vox Dei se convirtió con el tiempo en la banda más longeva de la historia del género en Argentina, también es cierto que fue una constante el desfile de músicos e idas y vueltas producidos desde fines de los ‘70 hasta la actualidad.
Por supuesto, con la excepción de dos de sus miembros fundadores, Willy Quiroga y Rubén Basoalto, que mantuvieron siempre la estructura básica y la esencia del grupo, aunque en el caso del querido baterista solo fue hasta 2010, cuando falleció luego de una larga enfermedad.
En 1977, retornado de su viaje, Ricardo Soulé -que en ese interregno lanzó su primer disco solista, “Vuelvo a casa”- se reunió con sus compañeros y acordaron volver ajuntarse, y generar nuevos proyectos. Esto implicó como consecuencia la partida de Fernández y Díaz, los dos guitarristas que estuvieron presentes en el disco “Ciegos de siglos”.
Tras retornar nuevamente como trío en el teatro Estrellas, editan un nuevo disco: “Gata de noche”, el único en el sello Polydor, manteniendo su fidelidad al rock y al blues urbano, y donde las novedades la daban Willy al tocar el piano en algunos temas, y la colaboración de Oscar “Mono” López como bajista adicional en las giras realizadas por el interior.
Para entonces, Soulé empezó a elucubrar otro proyecto de una obra conceptual, y empezó a componer algunos temas para un disco que iba a ser “El Cid Campeador según Vox Dei”, una obra en seis movimientos basada en dicho personaje histórico.
Algunos de los temas, como “El dragón furente” y “Las dos sombras”, fueron incluso presentados en sus recitales, pero la compañía no apoyó el proyecto, el cual fue archivado por el grupo, aunque en 1982, Soulé utilizó ideas de “El Cid” para su segundo álbum solista “Romances de Gesta”.
En el verano de 1980, Vox Dei había participado en el Primer Festival de La Falda, pero entre la falta de apoyo de la grabadora y una nueva serie de diferencias entre sus integrantes (en especial entre Willy y Ricardo) desembocaron en un nuevo alejamiento del cantante y guitarrista, que en 1982 grabaría el disco mencionado anteriormente, donde hurga en otros elementos relacionados con lo clásico.
Tras un recital de “despedida” en Obras en abril de 1981, cada integrante toma distintas direcciones por un tiempo. Soulé viajó a Los Ángeles, donde grabó con la producción de Edelmiro Molinari, residente en esa ciudad hacía varios años. Basoalto formó Rompeases, junto a sus ex compañeros los guitarristas Raúl Fernández y Enrique Díaz, agrupación que no llegaría a grabar. Por su parte, Willy Quiroga armaba la banda Destroyer, por donde desfilaron músicos como JAF, Petty Guelache y Polo Corbella, que llegó a grabar un disco en forma independiente, pero que no duró mucho tiempo.
Tras un efímero regreso de Vox Dei en 1983 con Willy y Rubén, donde presentaron La Biblia en Obras, con otros integrantes, dos años después Soulé editaba su tercer disco en solitario. Esto coincidió con una iniciativa de quienes organizaban los premios Konex, que decidieron nominara la banda por su trayectoria. De algún modo el hecho los vuelve a reunir y el trío intentaba una vez más un nuevo regreso, que sería celebrado por sus seguidores.
Tras una etapa de nuevos ensayos, a fines de noviembre del 83 el grupo volvía a tocar La Biblia en cuatro funciones a sala llena en el Opera, con dos novedades: la primera es una letra compuesta especialmente por Soulé para el tema “Apocalipsis”, y la segunda es la presencia como tecladista de Luis Valenti, el ex integrante de El Reloj (por desgracia fallecido a principios del nuevo siglo) que ya había sido parte de Destroyer.
Además, también se sumó como músico invitado Juan “Pollo” Raffo en teclados adicionales.
Los shows fueron registrados para el disco “Vox Dei - La Biblia en Vivo” por la editora Del Cielito Records. Entre idas y vueltas, en 1987 se cumplían 20 años del inicio de la banda. Por eso, el trío decidió festejarlo con una serie de recitales en el teatro Astral, en el centro porteño. Esto se produjo en septiembre, y como efecto del éxito, incluyó luego una gira por el interior.
Por entonces, Ricardo Soulé señalaba que “lo interesante de esta nueva etapa es la oportunidad de seguir sorprendiéndonos al juntarnos. Día a día vemos que la historia continúa”.
Como una pareja que renueva su entusiasmo en el reencuentro, los Vox Dei se abocaron a componer nuevo material para su nuevo disco, el 12º de su carrera (incluyendo recopilaciones), que sería “Tengo razones para seguir”. El disco se presentó en el teatro Opera en noviembre, y aportó el matiz de un Soulé muy dúctil en la interpretación de varios temas con su violín, mientras Chiche Graciano fue el tecladista invitado.
Pero hacia fines de la década, los vaivenes de una relación que parecía no escapar a los problemas hacen que Soulé, deprimido por la poca repercusión del disco y abrumado por la crisis económica del país, vuelva a levantar vuelo otra vez hacia España, donde generaría otros proyectos personales, relacionados con su creciente interés por la música clásica.
Tras un período de shock y reacomodamiento, Quiroga y Basoalto persistían en no dejar morir al grupo. Y tras una gira en el verano del 91 junto a dos nuevos guitarristas, Sergio Pessina y Jorge León, Vox Dei rearmaba sus objetivos.
Entre tanto, en 1993 León le dejaba su lugar a Carlos Gardellini, guitarrista que pareció tener mejor química con los dos fundadores, y producto de esta formación se editaba el disco “Sin darle ya más vueltas”.
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