Todo iba a ser una fiesta, así, por lo menos, estaba planificado. Pero cada vez que una barrabrava ingresa a un estadio, nunca se puede estar seguro de eso. Es que cuando todo pintaba para emoción en la despedida del jugador más ganador de la historia de Boca, Sebastián Battaglia, La 12, comandada por Rafael Di Zeo y Mauro Martín, dejó su huella.
En primer lugar, cuando salieron al campo los ídolos que disputarían el homenaje, la hinchada hizo silencio con el ingreso de Juan Román Riquelme (el enfrentamiento del crack con la barra lleva años), mientras el resto del estadio se deshacía en un grito de corazón: “Riquelme, Riquelme, Riquelme…”. Acto seguido y con excepción, nuevamente, de la bandeja central de la tribuna local de La Bombonera, de todo el estadio llovieron insultos hacia el presidente, Daniel Angelici.
Pero eso no fue todo, cuando Héctor Baldassi (árbitro invitado para la ocasión) estaba listo para darle inicio al encuentro, La 12 exhibió algunos de sus trofeos de guerra, banderas robadas a hinchas de River.
De haberse dado en un partido oficial, Boca tendría que purgar con alguna multa o suspensión del estadio.
¿Qué deberían hacer las autoridades?