Una joven fotógrafa fue secuestrada, golpeada y sedada por un grupo de sujetos cuando circulaba en su camioneta por la localidad de Temperley, sus captores exigieron a su familia la suma de 50.000 pesos como rescate, pero como no se pagó, resultó liberada a las pocas horas en la zona de Villa Albertina.
Todo se inició cerca de las 21.30, cuando la víctima, de 26 años, conducía su Renault Capture por las calles de Temperley, regresando del trabajo rumbo a la casa de sus padres en Longchamps.
Su padre contó que su hija les envió un mensaje en el que les avisó que ya había terminado de realizar unas sesiones de fotos. "Ese viaje en auto no dura más de 15 minutos pero pasó media hora y nos empezamos a preocupar", afirmó y es que, a esa altura, varios desconocidos ya la habían interceptado, se le subieron a la camioneta y la obligaron dar vueltas por la zona.
"Cuando ella venía para casa pasó por un mercadito, a mi criterio como la vieron joven y con una camioneta nueva la esperaron que salga y antes que suba la apuntaron con un arma", aseguró el hombre, quien a las 22.45, recibió un mensaje de texto en el que le exigieron 50.000 pesos para liberar a su hija, a la que habían privado de su libertad.
"Estás en tu día de suerte. Si esto te tocó a vos es porque sos con los últimos a los que mando mensaje o llamo. Si quieren ver a la rubia linda con vida me van preparando 50.000 pesos y nada de llamar a la cana si no quieren que se complique, de última le cortamos todos los dedos", indicaron los secuestradores.
Entonces, optó por no responderles y se comunicó al 911, por lo que inmediatamente se activó el protocolo antisecuestros.
Durante el trayecto en el que ella misma manejaba, uno de los captores le pegó un culatazo, con el que la desmayó. Entonces, cuando logró volver en si, estaba en el asiento trasero amordazada "con una bombacha vieja y con una pastilla en la boca", detalló su padre, quien agregó que, finalmente, "cuando se despertó la obligaron a tomárselas y perdió la conciencia nuevamente, hasta que en un momento escuchó a una mujer que dijo: descartala porque esta no nos sirve", contó.
Como los secuestradores se habían comunicado con el teléfono de la joven, se empezó a rastrear las llamadas, por lo que la banda se vio "acorralada", ya que el padre no los atendía. Hasta que la liberaron, tras lo cual caminó, como pudo, hasta un quiosco y se comunicó con su padre.
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