Para algunas jóvenes de menos de 30 años, esta clase de vínculo permite enfrentar las dificultades económicas y sociales de su vida diaria.

La generación Z, que comprende a los nacidos entre mediados de la década de 1990 y principios de la década de 2010, estableció rupturas con respecto a sus predecesoras en muchos ámbitos, incluyendo el de las relaciones afectivas y, particularmente, el del matrimonio tradicional.

Recientemente, entre este grupo están creciendo en popularidad los llamados 'matrimonios lavanda', que implican el establecimiento de un vínculo conyugal basado en la puesta en común de asuntos emocionales, domésticos y financieros, pero sin involucramiento romántico o sexual.

El término no es nuevo. Se trata de la reinterpretación y ampliación de un concepto surgido en el siglo XIX, en el que se celebraba una boda entre personas, generalmente homosexuales pero de género distinto, comprometidas a sostener una relación platónica de largo plazo que les ofreciera cobertura social frente a los cuestionamientos sobre su sexualidad.

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Las causas de la popularidad de esta unión

Actualmente, ese tipo de relacionamiento recobró impùlso por una combinación compleja de factores, que incluyen la soledad, el aislamiento, la imposibilidad de vivir fuera del hogar familiar y el agotamiento del matrimonio como cima del amor romántico.

Así, aunque los estigmas que pesan sobre la sexodiversidad no desaparecieron y podrían figurar como un aspecto que incline a los jóvenes a optar por un 'matrimonio lavanda', los problemas económicos y afectivos de la vida contemporánea parecen tener mucho más peso, según refiere el experto en género y sexualidad Edward Reese, adscripto a la plataforma de citas Tami.

"Muchos 'millennials' y miembros de la generación Z no pueden afrontar el costo de la vida por sí solos. Hay muchos chistes que dicen que el auge del poliamor también es la respuesta a la crisis económica. En estas circunstancias, el matrimonio puede ofrecer importantes beneficios, como exenciones fiscales, gastos de manutención compartidos y protección legal', destaca Reese.

Sostiene asimismo que "algunas personas, independientemente de su sexualidad, podrían simplemente buscar compañía estable". Hasta cierto momento "podría bastar con compartir habitación con su mejor amigo, hasta que terminan en un hospital y no hay familiares vivos, o están distanciados y no necesariamente serían quienes deban tomar decisiones importantes".

Los riesgos

Si bien la búsqueda de compañía estable y la obtención de un 'socio' permanente para la gestión de la vida cotidiana pueden resultar atractivos para algunos jóvenes, este tipo de vínculos no está exento de riesgos de diversa índole.

De acuerdo con el portal especializado Mariage, en los 'matrimonios lavanda' "las personas […] pueden lidiar con la dicotomía entre su imagen pública y su verdad privada". Dicha tensión podría causarles "un profundo malestar emocional" y afectar de manera significativa su salud mental.

Al mismo tiempo, "la ausencia de un vínculo romántico genuino crea una base de descontento e insatisfacción", que se expresa en conflictos "debido a la falta de intimidad y conexión emocional". Adicionalmente, la disociación presente en su vida puede derivar en aislamiento y falta de relaciones genuinas.

Desde otro costado están los riesgos financieros, emocionales y reputacionales que podría entrañar el fin del vínculo, pues si la ruptura ocurre en malos términos, serían esperables juicios para repartir los bienes o decidir la custodia de los hijos en común, si los hubiere.

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